martes, 21 de noviembre de 2017

CONTORSIONISMO, del verbo... 🎈

Y nos dijeron que la vida iba a ser bonita. 
¡¡Joder si lo es!! Vaya si lo es. 
Tan bonita como tus ojos quieran verla. 
Así de simple. 
Así de fácil. 
Así de complicado... a veces.
Hasta que te limpias los ojos, claro. 

Aunque sea frotándolos con esa mezcla de rabia y pasión. Y entonces, ves luz y color. 
Y te percatas de que es asquerosamente precioso volver a despertar. Renacer.

Porque claro, la vida también tiene sus infiernos. ¿Para qué vivir siempre en el cielo si podemos flirtear con los demonios aunque sea durante un breve tiempo caduco? 

Esa nostalgia mal entendida que confundimos con la melancolía de los sentimientos pasados que quedaron en el letargo de lo mundano. 

Y así se construyen las heridas mal curadas. Y no, así no. No... ni hablar.

Porque sí, créetelo, también hay cicatrices bonitas que nos recuerdan que vivimos historias preciosas.

A veces, solo a veces, debes contorsionarte para lamer(te) las heridas de la vida, allí donde no llega nadie.

Te prometo infinitas veces que no pasa nada. 

Cuando eres conscientes de que has batallado para sobrevivir, te percatas de que todo cuanto sufriste en su día, te ha hecho ser la persona que eres hoy. 

Más capaz.
Más resiliente.
Más segura.
Más excelsa.
Mejor persona… 
Más TÚ.


Y de eso va la vida... Y punto.



sábado, 18 de noviembre de 2017

NOTA MENTAL: TÚ. ❤️🎈

Entendí que la vida no es la que da muchas vueltas como nos hicieron creer. 

Que somos nosotros los que las damos al son de las decisiones que tomamos ante cada circunstancia de la vida. 
Nuestra propia vida. 
Sí, la nuestra, que para algo es nuestra.
Y claro, así, sí.
Sí siempre. 
Sí a todo y con todo.
Sí, y punto.

Que crecer bajo la (o)presión de la sociedad a veces es agotador. Pero que nadie tiene derecho a marchitar nuestros sueños. 

Pobre tú si dejas de soñar porque intentaron intoxicar tu ilusión. 

Hablamos del respeto que no recibimos, pero no nos planteamos si nuestro respeto va más allá de las circunstancias propias o si acarician las ajenas. 

Nos llenamos la boca de tolerancia y dejamos detrás el rastro del respeto perdido hacia los demás, y hacia ti mismo. 
Y claro, así, no.
Pues no.
No, ni hablar.
No nunca.
No y punto.

Y la pregunta sigue bailando al son discordante de la obra de teatro que tengo ante mi llamada vida, ¿cómo se puede respetar a alguien si antes no nos respetamos a nosotros?

Los demás van a respetarte cuando comprendas que el primer respeto es el que te debes a ti mismo. 


NOTA MENTAL: TÚ. 
Es decir, tú mismo. 
Y no es egoísmo. 
Es amor propio. 
Es respeto por lo que eres, por quién eres. 
Y ya.


jueves, 2 de noviembre de 2017

Jugamos a ignorarnos, hasta que la vida nos puso de frente

IGNORAR, del verbo "hasta que la vida nos pone de frente." 🎈🎈

Sirva el mensaje para cualquier tipo de relación humana. 

La vida, esa que  dicen que da tantas vueltas.
Esa que te marea cuando pierdes el norte.
La misma que te permite poner cada cosa en su sitio.

Esa vida que dicen que con el tiempo todo se cura. 
No, no ni hablar. 
El tiempo no cura nada.
Somos nosotros los que decidimos curarnos.
Los que decidimos colocar cada cosa en su sitio, en su lugar, en su espacio... 

Es ubicuidad de la trascendencia que damos a cada cosa, a cada persona. 
La vida, esa que nos enseña a priorizar, a reconstruir una vez tras otra la escala de valores.
Nuestros valores en función de nuestras emociones y nuestro aprendizaje.

Tu vida. Ese tiempo en el que vives porque te desvives. 
Ese espacio transitorio de un tiempo caduco.
Esa suma de momentos intangibles que abrazas cuando todos piensan en la suma de lo tangible.

Vivir detrás de la ignorancia... ¡¡qué ilusos!!
Y así, pues no, no ni hablar. 
Así no, y punto.


VIVIR con todas las consecuencias de convertirnos en coleccionistas de historias... nuestras historias. 

Y jugamos a ignorarnos... hasta que la vida nos puso de frente.


miércoles, 1 de noviembre de 2017

VOLAR, DEL VERBO... 🎈 ✈️ 🚀

Hay verbos capaces de cambiar el concepto de las alturas.
Cambiar el concepto de los sueños. 

Sentir que no es necesario estar durmiendo para soñar. 

Que los mejores sueños son los que se viven despierto. 
Que eso que llaman amor llega cuando menos esperas que llegue. Cuando no lo ansías.

Y que tal como llega, se va cuando no cuajan las cosas...
...hasta que te percatas de que deben condensar contigo mismo, antes que con lo ajeno, con lo que no te involucra directamente a ti en su existencia.

Hay verbos que merecen ser reeditados. Y eso, para qué engañarnos, es algo con lo que me apasiona (con)jugar. 

Porque la definición de algunas palabras cambian en función de las circunstancias. 
Cambian en función del entorno.
Cambian porque hay motivos para interpretarlas desde otras perspectivas.

Cambian como el Caleidoscopio que recordamos, aletargado en nuestros recuerdos.
Cambian diciendo lo mismo, pero menos dramático, con más ternura, con más requiebro... con más pasión.

Cambian por el excelso hecho de su naturaleza intangible.
Y porque sí, cambian porque sí, y punto. 


Porque VOLAR, bien podría venir del verbo "no es necesario estar en las nubes para sentir la libertar de soñar." Y ya. 🎈



domingo, 29 de octubre de 2017

Y la vida hizo aquello que sabe hacer tan bien...

Lo tenemos mal entendido. Seguimos ofuscados y confundidos.

Reiteramos nuestra creencia en que el poder del ser humano radica en el odio, incluso en el nuestro propio por una mala gestión del querer(nos). 

Llámalo odio o mala gestión de las emociones focalizadas en el bien colectivo, y en el de uno mismo.

Y en realidad, el verdadero poder del ser humano nace, en su origen, en su génesis, precisamente en la VERDAD.

Navegamos a la deriva en el mal concepto de una fortaleza que ignoramos. Como hojas al viento pensando que la verdad nos debilita. 

Y lo que parece que ignoramos, es que la verdad nos ayuda a ser más resistentes, amalgamada con amor propio y autoestima para convertirnos en resilientes.

La vida hizo eso que sabe hacer tan bien... recordarnos que no se puede morir en vida. 


Que aquello que pensamos que nos deja aletargados, esconde justo lo que nos ayuda a seguir creciendo, seguir evolucionando, seguir mejorando y, lo más importante... seguir viviendo.